El coste de la vida y las carencias universitarias y de espacios perjudican al sector artístico catalán

Malestar en la comunidad del arte contemporáneo

“Madrid es la capital del arte moderno; nosotros lo seremos del contemporáneo”, dice el director del Macba, Bartolomeu Martí  |  ”A diferencia de Berlín, hay que tener dinero para ser artista en Barcelona”, comentan Lorena Pérez y Dennys Matos, comisarios de la exposición ‘Berlin Tendenzen’

Teresa Sesé / Justo Barranco | Barcelona | 30/11/2008 | Actualizada a las 03:31h | Cultura

La reorientación del Centre d´Art Santa Mònica (CASM) ha levantado una polvareda de reacciones airadas que, más allá de la desaprobación y crítica a las decisiones del Departament de Cultura en torno a este espacio (cambio de contenidos, nombramiento de un nuevo director, Vicenç Altaió, sin concurso previo…), ponen de manifiesto el profundo malestar que recorre el mundo del arte contemporáneo catalán. ¿Acaso Barcelona no es ciudad para artistas? “Más bien es un anti-Berlín, porque no atrae artistas”, responde Bartomeu Marí, director del Macba, a quien se une un coro de voces críticas que desplazan el foco del debate hacia cuestiones como la falta de instituciones intermedias entre las galerías y el museo, la urgencia de unos estudios de posgrado de calidad – “los artistas catalanes y españoles salen peor preparados que sus colegas europeos”-o el alto coste de la vida como elemento disuasorio.

“Aquí no podía continuar mis estudios”

El artista multimedia Chema Alvargonzález (Jerez, 1960) vive entre Barcelona y Berlín. Estudió proceso contemporáneo de imagen en la Escola Massana y terminó su carrera con un máster en la Hochschule der Künste de Berlín, donde fue alumno de Rebecca Horn. El artista dice que marchó a la capital alemana porque “no podía continuar mis estudios en procesos de imagen contemporánea en Barcelona. En Berlín pude acabar los estudios y disponer de un estudio de uso personal en la universidad. Allí todo tenía otro planteamiento, los proyectos se discuten en público, hay encuentros con artistas de todo el mundo, ciclos de conferencias en los que los artistas discuten de forma personal contigo tu trabajo… La forma de trabajo cambia esencialmente al entrar la autocrítica como material de creación”. Se trata, dice, de que “el arte como forma de vida genera estímulos que hacen que la energía fluya, crear como una manera de participar de una mirada colectiva desde una forma personal”. No es extraño que comprara una casa en Berlín para fundar GlogauAIR, que acoge un programa de artistas en residencia.



“Hay que tener dinero para ser artista en Barcelona”, resumen Lorena Pérez y Dennys Matos, comisarios de la exposición Berlin Tendenzen – que pudo verse en La Capella-y buenos conocedores de la escena artística alemana, quienes como primera causa del poder de atracción de Berlín, con sus 25.000 artistas, señalan la existencia de programas de residencia y el bajo coste de la vida. “Barcelona es una ciudad atractiva, pero los costes de los espacios la hacen inasequible para la mayoría de los artistas, que han de marchar fuera”, confirma el artista multimedia Chema Alvargonzález, a caballo entre Barcelona y Berlín. Si Barcelona ha sido el punto de partida de tantos creadores de renombre internacional, ¿cuál es su potencial actual?

La Associació d´Artistes Visuals de Catalunya cuenta con algo más de un millar de asociados. La citada asociación, junto con la plataforma Cultura de Base, ha liderado las protestas contra la reconversión del Santa Mònica. “Me parece que se ha desaprovechado una ocasión para un debate público sobre el papel de los centros o fábricas de creación hoy. No creo sorprender a nadie afirmando que el propio modelo Santa Mònica estaba cuestionado por gran parte de la comunidad artística”, apunta Berta Sureda, directora de actividades públicas del Reina Sofía y gerente de la Entitat Autònoma de Difusió Cultural de la Generalitat entre el 2004 y 2008. Para Sureda, “Barcelona, aunque atractiva para los artistas, decepciona por su falta de circuitos fluidos de comunicación y colaboración entre los diferentes agentes”, que a su juicio pecan de una cierta endogamia.

Y mientras Jordi Martí, delegado de Cultura del Ayuntamiento, confía en que la red de fábricas de la creación eludirá el peligro de que “Barcelona sea un lugar donde pasan cosas pero no se producen”, David Bestué y Marc Vives, que actualmente exponen por partida doble en el Reina Sofía y el Santa Mònica, aseguran que “es una ciudad donde ganarse el pan es complicado, pagarse la vida implica la vida misma”, y enumeran las carencias que les dicta la experiencia: “Barcelona debe tener una universidad de calidad con conexiones con el entramado profesional, más allá de tres profesores voluntariosos, debe haber espacios para trabajar, producir y exhibir, y el artista debe poder pensar que cuando ha conseguido alguna de esas cosas, no van a cerrar el garito. Para dormir tranquilo”. Y concluyen: “Barcelona no sólo no recibe artistas, sino todo lo contrario. El objetivo de los artistas es irse de aquí y eso conlleva un problema de contexto grave por el nivel de calidad y de discurso generado”.

Para Bartomeu Marí lo esencial es “la materia gris”, el clima intelectual. “El mercado, si tiene que venir vendrá después”, y en ese sentido señala como prioritaria la creación de programas de posgrado en la universidad. “Madrid es la capital del arte moderno en España y sería bueno que Barcelona lo fuera del arte contemporáneo – dice-. Hay que crear un ambiente propicio y que el arte contemporáneo tenga relevancia social, pero para eso se necesita al mundo académico: ¿cuántas tesis sobre arte contemporáneo se escriben en las universidades catalanas?”. Antonio Mercader, profesor de la UB, dibuja un triste panorama: “En la investigación y la experimentación, la producción y la difusión, la innovación y la transferencia del conocimiento artístico no hemos estado atentos al cambio de escala de los últimos años. Ha sido una derrota en todos los frentes”. Y concluye que “con remarcables excepciones, no hemos hecho la renovación generacional de la historiografía del arte catalán, faltan grupos de investigación. No se programan suficientes estudios de posgrado cualificados. La excelencia, ahora que se habla tanto de ella, no se ha consolidado, porque nadie se ha preocupado”.

“Me fui para salvar mi integridad artística”

]”Mi cambio de residencia fue la única manera de salvar mi integridad artística”, explica Eulàlia Valldosera (Vilafranca del Penedès, 1963), quien después de que le suspendieran pintura en la facultad de Bellas Artes de Barcelona se licenció en Audiovisuales en la Gerrit Rietveld Academie de Amsterdam y posteriormente obtuvo una beca del DAAD de Berlín. “Como cualquier emigrante – recuerda-,los motivos no sólo fueron los económicos, sino también intelectuales y políticos. Porque la actitud en la vida diaria es también una cuestión política. Como mujer y como artista, accedí a un espacio donde por fin tuve acceso a medios que aquí estaban reservados para unos pocos que podían permitírselo”.

“A la par que tuve acceso a las prácticas artísticas de lo que habrían sido mis antecesores, mis padres artísticos, que tuvieron lugar allí mientras nuestro país seguía negando su existencia, pude reconocer y valorar mi poso cultural propio y único. Esto me dio una fuerza tremenda y me permitió afrontar la vuelta… ¡Había tanto que hacer aquí!”. La artista prepara una gran exposición para el Reina Sofía en febrero.

Berlín, “pobre, pero sexy”

La ciudad cuenta con una población de 25.000 artistas y un gran presupuesto cultural

30/11/2008 | Actualizada a las 03:31h | Cultura

Berlín puede ser pobre, pero es sexy”, asegura el alcalde de la ciudad Estado, Klaus Wowereit. Parece tener razón: unos 25.000 artistas viven en ella, muchos provenientes de Europa, China, Japón o Norteamérica. Según Wowereit, la cultura es una apuesta estratégica para una ciudad “que no es rica en dinero, pero sí en potencial”, así que, pese a la exorbitante deuda de la capital alemana, también es notable su presupuesto dedicado a cultura: 400 millones de euros al año, más los que llegan del Gobierno federal.


La Generalitat de Catalunya dedicará a cultura a lo largo del 2009 unos 313 millones y Barcelona proyecta para promoción y difusión de la cultura unos 121 millones. Berlín tiene 3,4 millones de habitantes; Catalunya, 7,4 y un poder adquisitivo mayor.

Pero, más allá del dinero que Berlín dedica a la cultura, la mayoría para teatros y óperas, el boom de los artistas visuales ha sido espontáneo: como explica el nuevo jefe de exposiciones temporales del Macba, Friedrich Meschede, tras la caída del Muro, Berlín era muy barato.

“Las instituciones no han jugado un gran papel en las artes visuales. Han sido los artistas, que han venido por las ventajas económicas y han tomado espacios vacíos y organizado exposiciones en cualquier lugar, acompañados por las galerías y las Kunstverein – centros de arte sin colección propia-,los que han cubierto las lagunas”. Y también el el Servicio Alemán de Intercambio Académico, el DAAD, cuyo programa berlinés de artes visuales él dirigió durante quince años. El programa cuenta con 2.200.000 euros y 24 pisos destinados a creadores – seis de artes visuales-de todo el mundo con sus familias durante un año, y por allí han pasado Douglas Gordon, Rachel Whiteread, Ilya Kabakov o Damien Hirst. “Esos artistas atraen a más, porque el arte se hace primeramente para otros artistas, y por ello es importante la comunidad, el poder intercambiar experiencias”.

Se crea un clima propicio, abren escuelas de otros lugares y al final hay que pasar por Berlín para hacer una carrera. Los comisarios de la muestra Berlin Tendenzen,Lorena Pérez y Dennys Matos, coinciden con el análisis de Meschede: los alquileres, “sumados a una vertiginosa actividad de producción cultural donde tanto los circuitos institucionales como aquellos alternativos o underground disponen de un público numeroso y entusiasta”, la “flexibilidad con los permisos de uso del espacio público para la actividad artística” y la buena gestión de las galerías para promover a los artistas han sido clave.

Pero Meschede señala que las ventajas de Berlín han disminuido estos últimos años en los que la economía ha ido mejor, forzando a algunos artistas a instalar sus estudios fuera. Y señala que ve la posibilidad de llevar a cabo un programa similar en Barcelona: la única dificultad, apunta, es que los políticos comprendan que los resultados tardan en verse tres o cuatro años, que tienen que esperar.

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