La noticia de la dueña del pub Donegan que cogió 5 años y medio de cárcel por haber “torturado” a tres vecinos con su música trece meses me ha servido de electrochoc. El artículo del Periódico (ni siquiera firmado) del lunes 16/3/09 en página 33 fue tan insultante hacia ella y todos nosotr@s que creemos en la democracia, en la fuerza vitalista de los bares, en el derecho al ocio en centro de la ciudad…
El evento lo suficiente grave como para manifestemos nuestra vergüenza hacia políticas de terror que crearan tener el respalde judicial para su brigada anti-convivencia.
Responsabilizar a los que cierran decenas de bares y echan a centenares de personas al paro mientras en las mismas calles cierran los ojos sobre los tráficos de drogas, de prostitución, sobre los robos continuos, y hablemos de la explotación digna de novelas de Hugo, Dickens y Zola, de personal asiático unas 12/14 horas al día por un sueldo miserable y a lo mejor un día libre en dos semanas, en tiendas de alimentación que tienen permiso de noche cuando la ley no lo permite a nadie…
Basta con (la vuelta a) la criminalización del ocio gratis, con el acoso policial que nos multa por sentarse entre amigos en Plaza Real mientras, calle Escudellers, te roban la cartera o te ofrecen cualquier droga a cualquier hora en total impunidad!
Vuelvo de París con el espectro ya familiar de una ciudad muerta de noche. Se cerraron la mitad de sus bares en veinte años, y con ellos se fueron los últimos rincones de hospitalidad de su gente.
¿Como confrontar la hipocresía comunal que va fabricando, en Barcelona como en el resto de Europa, el miedo al joven, al hippie, al sin-dinero, en favor de una ciudad de bares exclusivos con vigilantes rapados anti-decibeles, anti-baile (prohibido sin el permiso de discoteca), anti-cerveza fuera de la puerta, pronto anti-cigarro…!!?
Me pregunto qué misterioso poder de convocatoria judicial tienen aquellos tres vecinos que logran echar una mujer a la cárcel como si hubiera matado, cuando la voz de centenares que manifiestan contra la construcción del hotel al lado del Palau de la Música no valen de nada, cuando millares de gente no pueden parar los escándalos inmobiliarios que las pocas encarcelaciones recientes no pararon?
Quién se apunta para una comisión de vigilancia de la prensa con cartas tipo de los artículos tipo que nos bombardean cada semana?
Propongo empezar con enviar una carta comuna a los periódicos como El Periódico, y el País que presentaron con tan poca ecuanimidad el caso del pub Donegan.
Proclamar la desobediencia civil frente a la prohibición de tomar, tocar, cantar, bailar de manera imprevista….
Contestar también a los artículos sensacionalistas e indignos de La Vanguardia que fomenta una guerra continua contra el uso popular del espacio público.
En fin, fomentar una solidaridad ciudadana hacia la dueña del pub Donegan (¿Alguien la conoció?), escribiéndole públicamente, altercando políticos al respecto, etc.
Patricia Ciriani